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ASAMBLEA DE PARADOS MOLLET

El porque de la desinformación

El Capitalismo Depredador y su artilleria mediática:

Por Fabián Curotto

Recientemente Jorge Luís Bernaza Fernández, Consejero de Prensa de la Embajada de Cuba en Chile, difundía los siguientes datos: "EEUU, la Unión Europea y Japón controlan el 90% de la información de todo el planeta. 5 agencias de países enriquecidos distribuyen el 96% de las noticias en el mundo. En América Latina, 90 de cada 100 palabras de información proceden de 4 agencias de países del Norte".

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[ :: 21-11-2010] [Lecturas: 44]
La CNN en español, pues en ella me enfocaré a modo de ejemplo, es un instrumento mediático que demasiado frecuentemente es utilizado para difundir argumentos tendientes a justificar invasiones a tal o cual país. Lo que a mi criterio es mucho peor que intentar justificar tales invasiones, es que lo hace desde un discurso tendiente a naturalizarlas, a volverlas parte de lo que se considera normal y hasta correcto.

Porque si intentasen justificar a través de rebuscados y arbitrarios argumentos los afanes expansionistas del Imperio, nos darían al menos la esperanza o sensación que en su interior algo les hace ruido y sienten la necesidad de dar alguna explicación. Pero no, dan por sentado que su rol es "llevar el fuego de La Libertad" donde crean necesario hacerlo, para acto seguido incendiar regiones completas con ese fuego. Encuentren o imaginen allí sujetos potencialmente peligrosos o no; con armas químicas reales o inventadas, da igual.

Sé de lo que hablo pues veo el canal con más frecuencia de lo que mi salud permite, y compruebo que hablan del retiro de tropas de tal o cual lugar, pero nunca contando la historia que trasciende éste movimiento de tropas; nunca, con nombre y apellido, hablan de los muertos civiles que dejan día tras día en Afganistán, en Irak o en cualquier zona que el Imperio considere necesitada de sus masacres.
Pude ver hace pocos días una noticia que hablaba de un bombardeo que ese servil gendarme que posee Estados Unidos, el ejército israelí, efectuó sobre la Franja de Gaza…. "hubo civiles muertos", decían, e inmediatamente pasaban a hablar del avance de las negociaciones entre ya no me importa quien y el de más allá.

Han cooptado el discernimiento de millones de televidentes según parece, y quizás muchos de los que ven ese canal no puedan darse cuenta a que nos referimos cuando decimos esto. Locutores de voz afable, y sumamente prolijos, han logrado persuadir a millones de televidentes que no están hablando de sangre, de saqueo y de muerte.

Es que, quienes diseñan el guión de lo que allí se dice, inmediatamente introducen el dato del ascenso favorable de la bolsa de valores, o de su caída, y ahí están ciertos televidentes sacando cuentas de que pasará con las acciones de algunas empresas, las cuales, por el grado de interés que despiertan en ellos, parecen formar parte de sus afectos o cosa parecida. Y las víctimas civiles, los niños descuartizados y las mujeres aplastadas que sirvieron para que Estados Unidos controle un pozo más de petróleo a miles de kilómetros de sus fronteras, pasan desapercibidos. "El costo de la guerra", dirá el mas despierto de los filo capitalistas. Otros ni lo tendrán en consideración.
Han instalado, los medios de éste tipo, como certeza inapelable que el modelo capitalista neoliberal es el único rector posible para el mundo de aquí en mas. Han logrado que dóciles burgueses perciban a la invasión friamente preconcebida sobre toda una nación, y al consecuente saqueo, como algo lógico. En Oriente Medio para frenar un hipotético avance de lo que ellos denominan "terrorismo islámico"... mientras hay señales que si hubo alguna acción terrorista con resultados significativos en su accionar dentro de territorio occidental se debió, según testimonios atendibles, a zonas liberadas o a cuadros entrenados oportunamente por fuerzas norteamericanas. Y han logrado también que esos mismos burgueses consideren que los respaldos dados a los golpes de estado son triunfos de la democracia. Las injerencias yankis en otras economías son presentadas por locuaces economistas como intentos de salvar países de sus malas administraciones. Nunca se detendrán a explicar que esas economías fueron muchas veces planificadamente endeudadas por ellos, como en el obsceno y entristecedor caso haitiano. El Imperio consume más de lo que produce, y ese desequilibrio lo compensa rapiñando territorios y economías.

Ahora bien, que ellos elijan ese destino de sustentabilidad en base a desgracias ajenas es indignante, pero no tenemos forma de torcer con prédicas la perversidad de quien elije ese destino como nación. Que el pueblo norteamericano se encuentre cegado por el resplandor de las luces de Las Vegas, de los viajes a la luna y del confort de sus sillones impermeables a la cerveza, es una cosa. Pero que habitantes de los países víctimas de ese saqueo sistemático, de esa extorsión planificada sobre nuestras economías y sobre nuestras soberanías consideren respetable al Imperio que intenta devorarlos o, por lo menos, no dejarlos crecer con autonomía, me parece de una irracionalidad que termina siendo cómplice, por funcional.

Mientras intentan ver como pueden desde sus medios desacreditar de modo mas eficaz a nuestros gobiernos, si diciendo a la gente que éstos son casi dictatoriales o burdamente demagógicos, por el simple hecho de no haber elegido arrodillarse ante ellos en todo momento; mientras ellos intentan ese tipo de descrédito, juegan a su extraña democracia que hasta me animo a juzgar como farsa. Un partido, el Imperialismo Capitalista, alterna en el poder a una figurita llamada presidente, que no va a hacer nada que la CIA no considere oportuno. Si hace falta limpiar un poco la imagen de Estados Unidos desde el discurso, consiguen que ganen los del "ala blanda" de ese partido único, los demócratas. Si necesitan demostrar que tan omnipotentes y decididos son, ahí vuelven los del ala dura, los republicanos. Ambos gozan de una impunidad absoluta ante los organismos internacionales, así que tal relevo es casi innecesario, pero parte de la puesta en escena de esa presunta democracia.

Algún presidente no siguió, según parece, éste estricto libreto al pie de la letra y terminó con algo de plomo dentro de su cuerpo.

Pero de los medios de comunicación comenzamos hablando y de aquellos porcentajes de monopolización extrema de la palabra y del mensaje que sorprenden. Es evidente que sin esa domesticación que ejerce sobre sus potenciales víctimas, el Imperio vería alzarse a casi todo el mundo en su contra.

Según el politólogo estadounidense Noam Chomsky, el camuflaje del papel propagandístico de los grandes medios radica en su falsa "libertad" e "independencia".

Buen trabajo el sucio trabajo de la CNN, buen trabajo en ese sentido también el de la publicación británica "The Economist". Ambas, junto a otras tantas, han sabido lograr que corporaciones mediáticas de Latinoamérica y de otras regiones se hagan eco inexorablemente, por conveniencia, de sus tendenciosas distorsiones. Es que las éstas corporaciones generalmente pertenecen, sean del país que sean, a la misma patria que esos hegemónicos formadores de opinión: la rentabilidad. La voluntad de comunicar verdades ha muerto en anteriores batallas evidentemente. La "mercancía informativa", prescindente por concepto de la necesidad de ser veraz, goza de plena salud. En cuanto a los que consumen esas noticias como si fuesen verdades reveladas, a pesar de verlas emerger desde un centro de poder que por concepción no puede ser democrático, considerando el increible volumen de concentración y por lo unidireccional del mensaje dado; a los que a pesar de lo evidente le dan total entidad a lo propagado desde esas alineadas organizaciones, sin poner ante la consideración del propio juicio lo que de allí surge, o aún sin objetar siquiera una palabra por comodidad o acostumbramiento, paso a comentarles algo: las vacas se dejan acariciar tranquilamente mientras sus verdugos las conducen al matadero. Logrando un espíritu crítico colectivo ante tanta evidencia de manipulación, es como podremos comenzar a generar cambios en los paradigmas comunicacionales, pues los actuales, tal como están, sólo terminan beneficiando a los gobiernos de ese eje mesiánico que cree haber nacido para ser rector y dueño de los destinos del mundo.

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